-Si vas a hacer dos grupos, tienen que haber dos jefes
- mmm ¿querés ser jefe?
-sí
-entonces no.
Y después de una de esas particulares risas de Carlos, quedé nombrada la responsable de uno de los grupo en la primera detección nica del 2009.
Tres días después de eso, me levanté de muy mal humor y me esforcé por estar lista a tiempo y llegar a las nueve de la mañana (hora inexistente en un día normal mío) a las oficinas del techo. El primer “hola tuty” de alguno de los voluntarios más recientes que entraba junto conmigo me cambió el humor totalmente. Al final, ya estaba totalmente despierta, que era lo que más me disgustaba. Entré como si era el mejor día de mi vida y saludé a todos. Empecé a dar vueltas para prepararme, platiqué con los voluntarios, me tomé fotos a mi solita e hice todas esas cosas que suelo hacer cuando hay que esperar.
Cuando Carlos empezó a preguntar quienes faltaban, me di cuenta de su tono de temor y supe que hacía falta gente. Me dispuse a llamar a los voluntarios permanentes que faltaban que habían confirmado su presencia y ellos me dijeron que no iban a ir. Ahí me entró el pánico. En una media hora (según Carlos) ya estábamos los suficientes. A ver, dijo Carlos, vos vas con la tuty, vos también, vos también, vos también, tuty vas contando? – no. - Te dije que contaras, a ver, otra vez... y así supieron quienes iban conmigo y quienes iban con Carlos. Nos reunimos todos en el jardín de la casa, Carlos dijo algunas palabras, nos tomamos la foto y empezamos a subirnos a los carros.
Cuando estábamos en el jeep de Carlos, nos dimos cuenta del primer error: nos fuimos los dos juntos en el mismo carro, e íbamos a ser los últimos en llegar. Empecé a llamar a Laura, para explicarle qué hacer pero ni su celular ni el de ningún otro que fuera con ella estaban disponibles. Empezaba todo a hacerle honor a la fecha: martes 13.
Sin embargo, después de mucha desesperación, me entró la calma y pensé que ellos iban a llamar cuando llegaran. Cuando estábamos entrando a la comunidad sonó el teléfono, y entonces todo volvió a estar bajo control.
Nos bajamos en la casa de Jaqueline, una de las líderes de la comunidad, ahí estaban todos esperando. Ella junto a las otras líderes habían conseguido un lugar seguro para guardar los carros mientras realizábamos las encuestas. El jefe, Carlos, nos mandó caminando a la escuela donde esperamos alojarnos el día de las construcciones. Llegamos, y Carlos y yo entramos a conversar con el director que se mostró muy accesible. Nos preguntó qué probabilidad había que por medio de nosotros se le construyera una bodega a la escuela y yo solo me reí demasiado por dentro mientras Carlos se inventó una buena respuesta. “Le hubieras dicho que bodegas para mi escuela era otro proyecto” dijo alguien que me va a disculpar que no recuerde quien es ( a menos que haya sido la Cynthia como sospecho, pero ella no recuerda)
Salimos, más contentos todavía, y ahí estaban todos los voluntarios con las señoras líderes. Nos dividimos, y empezamos. El primero en quedarse fue Fernando, solo, porque éramos trece. Una de las 3 señoras que nos acompañaban, se quedó con él, porque (al final nos dimos cuenta de que) se trataba de la casa de uno de los ladrones reconocidos del barrio. Así se fueron metiendo uno por uno en casas, mi pareja era Cynthia, y ella empezó a encuestar a una señora mientras yo miraba que todos se metieran en una casa. Intenté unirme a la encuesta de la Cynthia pero solo me tocó platicar rápidamente con la señora y jugar con la niña, mientras contestaba algunas preguntas e intentaba recordar cuáles voluntarios andaban conmigo para no perder ninguno.
Mientras la Cynthia encuestaba, salí un momento a la calle y me encontré con Julio y Sara, tranquilos y solos hablando en medio de la calle. “Muchachos vengan” les dije, y vinieron, “¿que les pasó?”, tenían una duda con la encuesta que ya consideraban terminada, y tuvieron que devolverse a la casa encuestada. “Porfavor, no se queden quietos en media calle solos hablando” les dije con mi pequeña paranoia que tenía en el nuevo lugar.
Me devolví a la casa, a jugar con la niña otra vez. “Vas a la escuela?” le pregunté, “Iba pero me sacaron porque me enfermé” me dijo con su ternura de niña de 6 años. - ¿Qué tenés? – Me dio derrame pulmonar. Un pequeño detalle que olvidó la señora a la hora de la encuesta con la Cynthia.
Salimos de la casa, le comenté eso a la Cynthia que no tenía idea y lo confirmamos platicando con la vecina que sin ningún problema nos contó parte del proceso de la enfermedad que la madre había heredado a la hija. Esa fue la primera vez en el día que sentí una cosita rara por dentro, y esa fue la primera familia que decidimos defender la Cynthia y yo. Antes de llegar donde la vecina, fui a ver cómo estaba Fernando en la primera casa porque se había tardado, estaba bien instalado así que lo dejé, pero en ese momento vi pasar a Jacqueline con unos muchachos del otro grupo, los seguí para preguntarles qué andaban haciendo tan cerca y ella dijo que era el sector 4, confié en ella y cuando iba de regreso vi de lejos a un muchacho de camiseta blanca “Decime que ese no es uno de los nuestros” le dije molesta a la Cynthia y me confirmó “Sí, es Giancarlos”, cuando estábamos cerca le pregunté qué hacía solo y me dijo que se le había perdido su pareja, Alexa, que ya iba como a 4 cuadras con la dirigente, eso me preocupó porque según parece, llevaban a los muchachos a donde ellas consideraban que se debía encuestar, pero al menos en mi grupo, seleccioné calles junto con ellas y los muchachos encuestaron a todos los que se podía en la calle escogida. Le dijimosal perdido donde estaba su grupo y nos devolvimos a nuestro sector.
Cuando estábamos donde la segunda señora que encuestamos, vi pasar a Fernando con una de las señoras que ya sabía la ruta que tomaríamos y después de un rato la Cynthia recibió una llamada: “Dice Sergio que se están dispersando mucho”, me describió dónde se suponía que estaba Sergio, le di la encuesta y salí a buscarlos. Por suerte, no fui a buscar a Sergio, sino al resto del grupo, y resulta que todos estaban en el mismo lugar. Ubiqué a todos menos a Luis y su primo, pero de todas formas me regresé para buscar a la Cynthia, ahí me escoltó Fernando que me regañó con toda razón por andar caminando sola en el barrio. Cuando llegamos donde estaba la Cynthia un señor le dijo a Fernando que no lo habían encuestado, así que se fue a meter a la casa que estaba casi en frente. Una vez que la Cynthia terminó, fuimos a acompañar a Fernando, ahí vi a una niña que vivía con sus tíos porque su mamá andaba trabajando en Costa Rica y volví a sentir cositas, además de la permanente que ya andaba por estar ahí.
En un momento, no se porqué, yo tomé la encuesta y le pregunté los datos de todos los que vivían en la casa, Fernando me miraba raro y en un momento lo soltó “Tuty ¿sabés? Yo no hice eso en la primera casa” y se fue de regreso a la primera casa que encuestó que estaba cerca. Terminamos donde el pastor (sí, era pastor) y fuimos a buscar a Fernando. Nos fuimos los tres a reunirnos con el grupo (gracias a Dios estaban los diez) y doña Ivania (líder del barrio) nos llevó a su casa a comer lo que habíamos traído (los que llevamos algo porque los nuevos no llevaron nada). Ahí me di el gusto de hacer muchas bromas con el tema del despiste de Fernando. “¿Qué pensaste? ¿Que la última página estaba de adorno?” y así nos pasamos riendo mientras él tiraba maní en defensa.
“Vamonos pue” dije cuando ya había pasado media hora y empezamos otra vez. Tomamos una calle y luego los ordené por pareja para cubrir tres manzanas pegadas a la calle donde estaban encuestando, después me di cuenta que estábamos cerca del famoso “Ceibo” .Como estaba un poco confundida, le pedí ayuda a una de las señoras para ubicarme, tomó mi mapa y me dijo “No, es que aquí rayaste mal, rayaste aquí, y nosotros agarramos por acá” y me rayó el mapa para el otro lado, después le volví a preguntar y me dijo “No, rayaste mal aquí”, refiriéndose a lo que ella había marcado anteriormente y me di cuenta que definitivamente con el mapa de capri no me iba a ubicar, entonces decidí a hacer mi propio mapa tomando de referencia el ceibo, porque ya no tenía idea de donde estábamos .Gracias al ceibo y a la escuela, logré tener bien ubicadas las calles que encuestamos.
Iba caminando con dos de los muchachos por la calle cuando otros del barrio nos empezaron a gritar “¡oe, aquí no han encuestado, vení ¿ideay? ¿no querés trabajar? ¿no querés ganar?” Pensé por un momento en ir con ellos porque en la primera casa pasó igual, solo que ahí había una señora que recibió bien a Fernando, pero con ellos, me acordé que Luis en las detecciones pasadas me dijo que no fuera a una casa donde me estaban molestando, aparte la señora que andaba conmigo dijo “no vayan, es más, caminen más rápido” y cumplimos sus órdenes, en un momento escuché el más aburrido y débil “Deténganse esto es un asalto” y seguimos caminando pero insistió “Oe, que se detengan que esto es un asalto” y me congelé toda sin dejar de caminar por la debilidad de su voz, volví a ver atrás y en ese mismo momento una muchacha del barrio dijo “Ni pistola andás, no fregués” y no era nada más que una broma entre vecinos.
Seguimos encuestando, me metí en una casa cuando recibí la primera llamada de Carlos diciendo que ya se estaba haciendo tarde. Seguí con mi encuesta y mandé a llamar a otro voluntario para que encuestara a otras muchachas que estaban en esa casa pero vivían en otra, me fui con ellas y cuando salí de su casa venía Fernando caminando hacia a mi. “Me enturca maje” me dijo y vi al fondo a todos los muchachos en círculo, pero pensé que sólo yo faltaba. “Ahí están los imbéciles de los cpc y estos maes están todos acalambrados y ya están empezando a negociar” dijo. ¡Dios mío! Solo me imaginé el logo del techo con colores rosado chicha , acompañados de “Un techo para mi país – Nicaragua, donde el amor es más fuerte que el odio”, caminé molesta porque en el barrio 30 de mayo, el mismo día de las construcciones una señora me habló en forma de regaño diciéndome que no podíamos construir sin hablar antes con los dirigentes del barrio y me asusté mucho pensando que de alguna forma iban a cancelar las construcciones, después supe que se trataba de los cpc, así que esta era mi venganza por aquel susto, pero iba sobretodo con miedo de lo que hubieran dicho, ya que sabía que la mayoría (si acaso no todos) de los voluntarios no eran simpatizantes de los famosos cpc.
Entré en el círculo, “¿Qué pasó?” dije, y con el tono más tranquilo que jamás haya escuchado de Sergio hablando de un cpc me introdujo en el diálogo. Era lo mismo de siempre, que no se puede hacer nada en el barrio sin haber hablado con ellos . No se de donde, porque me salió como automático, les dije que habíamos llegado con Capri, el diálogo fue más o menos así entre quien parecía ser el jefe y yo:
-Yo le explicaba a los muchachos, que no puede hacerse ningún proyecto en el barrio, sin hablar antes con nosotros.
(Y ¡zaz! Se me encendió la bujiita)
- Bueno, nosotros no vinimos solos, estamos con capri, son ellos los que nos trajeron a este lugar ¿Ustedes conocen a capri, no? (para mostrar un poco de respeto)
– sí
- bueno, ellos nos trajeron, con ellos entramos, con sus líderes estamos caminando por aquí. Cuando Un techo para mi país, se decida a construir aquí (más de un mes que está decidido eso), el encargado de la construcción se va a poner en contacto con ustedes, sin duda.
-Ah bueno, bueno, sí además yo les decía por los vagos y para que les ayudemos más que nada, para decirles quienes son los que necesitan y si están diciendo la verdad.
- No , pero ya casi terminamos de hecho y no nos ha pasado nada.
-Sí, sí, gracias a Dios pues, pero eso decíamos pues, para ayudarles.
En eso, habló doña Ivania
-Hay unos muchachos que andan en el otro barrio, y allá los cpc ya saben
- Sí pero este es otro barrio, y aquí tienen que informarnos a nosotros
-Ellos andan en todo laureles sur
-Sí pero este sector lo manejamos nosotros
Entonces interrumpí yo:
- No se preocupe, que igual, no es la primera vez que hacemos esto, nosotros ya construimos en otro lugar y ya sabemos como se maneja la relación con los cpc , así que por eso no se preocupe, cuando vengamos como Un techo para mi país, solos, ya sabemos qué hacer, y como comunicarnos con ustedes.
- Aaahhh bueno, bueno.. – dijo con un tono mucho más calmado o quizás pensó que estábamos en contacto directo con Daniel y se asustó.
-Sí, ¡gracias!
Dirigí la mirada a los muchachos, que estaban frente a los cpc y pregunté dando por terminada mi plática con ellos: ¿A quien le queda encuesta? . Empezaron todos a revisarse y a contestar y los señores dijeron “Va pues, nos vemos” y todos como niños bien portados: ¡Adios! ¡Nos vemos! ¡Gracias! .Y que hermoso que mi primera plática con un grupo de cpc fue pacífica y no como todas las que he visto en la tele. En medio de mi plática, vi que la Cynthia les pasó un papel a los cpc, y es que habían intercambiado números, cosa que yo habría preferido que no pasara pero al final es mejor que haberles tirado piedras como suele pasar en este país. Ese fue el famoso tuty power, nacido de cuando le conté a Carlos del encuentro y él decidió hacer público en su crónica.
Entonces, nos dividimos en dos partes, unos fueron al final de la calle donde unas señoras decían que no habían sido encuestadas, y otros nos fuimos a la perpendicular a esta. Encontramos pocas casas, y me quedé esperando con otros que ya habían terminado. Me senté y me di cuenta que hacía unos minutos había hablado con autoridad a los cpc... ¡A LOS CPC! A esos que vi en la tele golpear mujeres y chavalos sin asco porque no aceptaban que ellos son ley en el país. ¡A LOS CPC! y seguía viva, e íntegra completamente.
Cuando empecé a contar a los muchachos me di cuenta que me faltaban dos, que no había dejado con el otro grupo ni con el mío. - ¡ala! Siempre que los cuento me faltan dos y no se cuales son. – el pelón y la Sara - ¿Quién? – Julio – Ahhh ¿el hermanito de Giancarlos? – ese mismo. Contesté a un señor de la misma calle sus preguntas sobre el techo, y me fui con los dos que esperaban conmigo a buscar a los que me faltaban, en un ratito nos topamos con todo el resto del grupo y ahí venían esos dos, solo faltaba que salieran de dos casas Luis, Fernando y el primo de Luis, nos sentamos todos a pasar el rato y recibí la tercera llamada de Carlos, apuré a Fernando y nos fuimos todos juntos de regreso. “¿Estás segura de que es por aquí?” me pregunto Eli, “no, yo no se donde estamos, las señoras son las que saben” y así caminamos hasta encontrarnos con el resto del grupo, nos despedimos de las señoras del barrio, que nos trataron como siempre con gentileza. Me gustó despedirme con confianza de una de las señoras que al comienzo intentó regañarme por algo de la encuesta y al final se volvió en mi cómplice.
Llegamos al techo, iba realmente cansada y feliz porque había encuestado tres casas sola. Ahí fue parecido a la primera detección, nos echamos todos donde encontramos lugar y empezamos a platicar. Reunimos (reunieron, para ser sincera) dinero y compraron cositas para comer y seguimos platicando, cuando quedábamos tres, me fui con mi hermano a su oficina, después de un rato llegué a mi casa, me acosté en la cama de mi padre, a su lado, aprovechando que él cuando habla por teléfono soba los pies de la persona que tenga enfrente automáticamente y de ahí solo me acuerdo cuando me dijo “¿ideay?” parecía que llevaba rato queriendo despertarme, me levanté, me fui a mi cuarto, encendí el abanico y me desperté a las 10 de la mañana del siguiente día con cierta llamada telefónica de otra historia. Estaba feliz de ya no sentirme cansada y de ya no tener el dolor de estómago horrible que tenía antes, feliz de ver fotos , leer la nota de Carlos sobre lo vivido y saber que lo de ayer fue real, que volví al otro mundo, como lo llamo yo desde que entré al techo, el mundo real, haciendo mi promesa muda de volver otra vez, a materializar el trabajo, y a poner mi otro granito de arena para sacar a Nicaragua de la pobreza, porque yo se que no se crearon juntas.